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lunes, 3 de junio de 2019

¿Hasta donde somos responsables? (Gustave Thibon)



   El otro día, al intentar arreglar el desorden crónico de mi biblioteca, descubrí una serie de viejos libros llenos de polvo, de cuya existencia incluso me había olvidado: era un tratado de teología moral, de moda en los seminarios hace más de cien años y que había pertenecido a un tío abuelo mío, cura de una parroquia vecina.

   Hojeé al azar uno de los tomos de esta obra, redactada en un latín eclesiástico que se descifra sin esfuerzo, y caí sobre el capítulo consagrado al análisis del pecado llamado acidia, término difícil de traducir y que corresponde más o menos a tristeza arraigada, melancolía, disgusto por la vida, spleen en inglés.

martes, 18 de septiembre de 2018

Un Santo Patrono para nuestra Familia

"Ni yo tendré más gloria por estar en un convento, ni tú menos por no estarlo..., pues a la hora en que Dios nos llame a juicio, a mi me exigirá el haber sido un buen trapense, y a ti el haber sido un buen ingeniero de montes, y un padre de familia cristiano" (San Rafael Arnaiz).


Dando catequesis a un adolescente que poco sabe de religión aún, cometí la torpeza de mencionar a “los santos patronos” como si él supiera de qué estaba hablando. A Dios gracias, me preguntó a qué me refería. Le expliqué. Y por poner ejemplos, le dije que cada profesión tenía un santo patrono, que las iglesias, las ciudades, las naciones, conventos, grupos… y en el entusiasmo enumerativo, dije también “las familias”. Me desdije en el momento, porque la verdad, nunca había escuchado que ellas pudieran nombrar a un santo como su patrono particular.